

Poco a poco las sensaciones que sentías cuando eras un niño van desapareciendo, la inquietud que tenias por descubrir nuevas cosas quedó atrás, ahora todas las sendas están marcadas, nada tiene perdida, el camino desde el parque hasta casa está marcado por señales que no son más que el propio reloj marcando el tiempo insufrible que nos empuja a un bote de Prozac.Prozac... que paradoja, antes las únicas pastillas que conocíamos eran las de los caramelos Pez, y a decir verdad no nos aliviaban la depresión porque esa palabra no existía en nuestro vocabulario, Don Pimpón no nos la enseñó.
