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lunes, 3 de enero de 2011

Siempre nos quedará París

El piano de Dooley Wilson nunca tocó una balada tan triste, todos sabíamos que era la última vez que Sam volvería a escuchar esa celebre frase salir de los labios humeantes de Bogart, pero esta vez sí, Sam la tocó por última vez.
Nadie pidió al caprichoso futuro que pintara nuestra retina de color y modernidad, nadie le pidió que se tragara el deseo de los que tanto han hecho por encender las luces de candilejas de nuestros sueños, nadie le pidió que diera cuerda al reloj voraz que todo se lo lleva, por un puñado de dolares.
Sin duda hoy ha muerto parte de mí, cuando salga a la calle, tendré esa extraña sensación de no saber muy bien a dónde ir, andaré sin rumbo hacía el ocaso, como el forajido al final de la película, intentando no tropezar con los títulos de crédito.
Hoy, desde el cielo llora Ingrid Bergman, Sergio Leone, Lee Van Cleef, Marlon Brando, Lopez Vazquez, Tony Curtis, Cary Grant, Audrey Hepbourn, John Wayne, Paul Newman... etc, etc. (Y por supuesto el bueno de Humphrey).
Gracias a Dios las buenas películas nunca mueren en el olvido y de hecho con el tiempo son mejores, como actor de reparto que fui, nunca olvidaré el gran papel que jugaron los actores principales de aquella película que fue el Videoclub Bogart, nunca las historias de humor absurdo que allí sucedieron, tampoco las de amor, que por haberlas las hubo, también y lamentablemente nunca olvidaré la última historia dramática que fue cuando escuché cerrar por última vez la persiana que tantas veces había visto abrir.
Mañana el Videoclub Bogart pasará a ser una tienda de regalos, seguramente con el tiempo acabará siendo un bazar chino o una frutería india, para algunos siempre será nuestro punto de reunión y nuestro consejo de sabios que nos ha visto crecer en los últimos doce años... en fin, siempre nos quedará París.

sábado, 14 de agosto de 2010

Se le apagó la luz (Elegía a mi vieja cámara)

Las noches de desenfreno nunca volverán a ser lo mismo, el hueco de mi bolso, clama tu presencia, mi muñeca desnuda reclama tu cuerda entrelazada entre sus venas, mis ojos vacíos exigen un último destello. Compañera de fatigas, nadie como tú me aguantó tanto, nunca te quejaste, nunca te pareció tarde para volver a casa. Tu batería nunca me abandonó en el momento más inoportuno y tu memoria ha guardado más instantes que la mía propia. Tus recuerdos son los mios, plasmados en papel, sin ellos, hoy habría olvidado tantas noches... Sufrimos caídas juntos, pero siempre te levantaste a mi lado, cada Lunes me recordabas lo vivido durante el fin de semana... Nadie como tú, nadie.
Se te apagó la luz una noche tórrida de Agosto, cuando menos lo esperaba, cuando yo alardeaba entre mis amigos lo dura que has sido, cuando mis dedos quedaron inquietos sin botón al que apretar. Supiste hacerme feliz y darme una última instantánea con la que recordarte vieja compañera. Te quedaste con los ojos abiertos y dijiste adiós. Nada pude hacer, nada para cerrarte los ojos y pagar a Caronte tu travesía a la otra orilla de Estigia.

Con el objetivo abierto como en tantas ocasiones has estado, te digo adiós vieja Casio, han sido cinco largos años a tu lado, ojalá otras cámaras puedan decir que han aguantado tanto como tú.

jueves, 12 de agosto de 2010

Cosas que nunca se olvidan

Las primeras veces se suelen recordar, para bien o para mal, yo nunca olvidaré la primera foto que hice. Apenas recuerdo con que cámara fue, creo que era una de esas compactas tipo "comunión" en las que hacías ejercicio de pulgar para correr el carrete. Lo que sí que recuerdo es donde fue y las sensaciones que tuve, nos encontrábamos en Alcalá del Júcar, yo tendría unos seis años, era flaco y cabezón y cosas de la niñez, se me antojó hacerle una foto a mi padre, el resultado salió bien o al menos encuadrada que ya era bastante, recuerdo como cuando mi madre trajo a casa las copias dijo lo bien que había salido la foto y que podría hacerme fotógrafo, mi madre siempre tan exagerada, (quizá esa vez, sí tuviera razón).
Eran tiempos distintos, ahora no hay niño que se precie que no lleve una cámara digital o un móvil con cámara de tropecientos megapixeles, no sé si llegarán a tener el recuerdo de la primera foto que hicieron, como lo tengo yo, lo que seguro que tendrán serán miles de recuerdos de su infancia y eso me da tanta envidia...
En fin, yo me quedo con esta foto y con las ganas de volver a tener seis años.

Posdata: De pequeño ya tenía la manía de situar al sujeto a un lado del cuadro, que cosas.

lunes, 28 de junio de 2010

Canon AV-1

Bueno, como dije el otro día en el "Facebuke", tenemos chica nueva en la oficina, ella es como bien podeis leer en la entrada del post, la Canon AV-1, ya veis, últimamente me ha dado por el regreso al mundo analógico, y es que, a veces para encontrar tu camino tienes que volver sobre tus pasos.
El caso es que llevo mucho tiempo detrás de esta cámara, y claro, tarde o temprano tenía que caer, en verdad no voy a ser hipócrita, porque yo buscaba el modelo AE-1, pero debido a la diferencia de precio y a que son practicamente iguales, salvando diferencias, al final me decanté por esta. Llevo varias semanas volviéndome loco buscando cámaras por Internet, ya sabéis que soy un poco compulsivo, pero es que cuando me da por algo, me da, pero como suelo decir, ya que no fumo, algún vicio tengo que tener, y si además este vicio se convierte en mi profesión, mejor que mejor.
Ya he tirado el primer carrete con esta maravilla, y tengo que decir que me he sentido muy cómodo, no sólo por lo ligera que es, comparada con mi Canon 40D, sino porque me recuerda sensaciones ya olvidadas, su ligero tamaño la hace perfecta para caminar por la ciudad y robar retratos a los viandantes de la calle. Sorprende también su luminosidad (F 1'8), acostumbrado a objetivos no tan luminosos en las cámaras digitales y aparte enamora el sonido del espejo al hacer una foto. Si a todo eso le añado que en la tapa pone que es la cámara oficial del mundial 82, que más puedo pedir...
Del porque de la vuelta a lo analógico ya lo explicaré otro día.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Diario de mi vida

El masoquismo es la única religión en la que creo, esto explica porque en fechas tan sagradas como las que nos encontramos, no pueda evitar mirar viejas fotos que me arañan el corazón. Creo que soy mejor persona cuando estoy melancólico, quizá, como Obelix, yo me caí de pequeño en una marmita de viejos recuerdos, que todavía no había tenido.
Diario de mi vida es uno de eso buenos recuerdos, tiempos no muy lejanos, que a juzgar por mi entrada anterior en el blog, aun no he superado. A parte de un buen recuerdo, Diario de mi vida es un trabajo que nos mandó uno de los profesores de EASD de Valencia, un buen trabajo para reflexionar un día como hoy, en el que mañana será otro año, otra década, y yo... como la mayoría de mi generación seguimos dando tumbos pensando qué será de nosotros. Me tendré que dar prisa para cumplir mi proposito de ganar en el 2018 el premio nacional de fotografía.
En el 2010 os prometo dar caña.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Segundo, puerta tres

Seguramente estas no sean mis mejores fotos, de hecho no sé si tengo mejores fotos, seguramente a la gente le parezcan vulgares imagenes, y de hecho, estarán en lo cierto.
La magia de la fotografía reside en esa lucha constante que mantiene con el tiempo, la fotografía consigue que por un momento olvidemos que el tiempo pasa más deprisa de lo que creemos, y nos transporta a tiempos pasados, en los que generalmente fuimos felices, (no creo que muchos tengan fotografías del entierro de familiares y sucesos traumáticos), pero eso son otros menesteres.
Hace medio año volví con el rabo entre las piernas a Alicante, a veces hay que traicionar al corazón y seguir lo que la cabeza, y en mi caso, la tarjeta de crédito, te guíe. Como dije, hace medio año que volví de Valencia, y parece que fuera hace una eternidad. Allí pasé de ser un niño a un hombre, aprendí a convivir, le di alimento a mi coco, falto de motivaciones hasta ese momento, encontré a la otra mitad de esta naranja partida, dónde sino encontrar a mi otra mitad que en Valencia, tierra huertana donde las haya, aprendí a creer que los sueños pueden hacerse realidad, y también aprendí, aunque esto último fue lo que menos me gustó, que para crecer hay que rechazar muchas cosas y personas que quisiéramos tener para siempre.
Hace seis meses volví a Alicante, hace unas semanas pasé un fin de semana en Valencia, hace diez minutos estaba viendo fotos de aquel piso, de esa suma, nace esta entrada.

martes, 17 de marzo de 2009

Mi tío Pascual

Te fuiste lentamente, tripulando la Santamaría, en busca del nuevo mundo, la tierra prometida, marchaste con el viento en contra y dejaste atrás un océano de lágrimas saladas, maldiciendo tu viaje sin retorno.
Derribaste a martillazos las cuatro paredes blancas que te tenían preso, atrás quedan sus escombros, lejos, todo recuerdo de tu pasada vida.
Hoy sólo se escucha el eco de tu voz, tus historias vividas, desde Alicante, hasta Valencia, desde Tokio a Sudamérica, desde Portugal hasta Holanda, desde mi corazón hasta las estrellas.
Te vas desvaneciendo como el sueño que fuiste, un sueño frustrado por este mundo que no da tregua a los hombres buenos, allá donde estés, prométeme escribirme cartas y recuerda también decirle a tu Dios de mi parte, que muchas veces se equivoca y que no cometa el fallo de juzgarte, no sea que nos toque juzgar nosotros sus decisiones.

Siempre te recordaré intentando poner paz allá donde ibas.

sábado, 31 de enero de 2009

Avenida del puerto (Camins del Grau)

Nunca en mi vida he visto una ciudad que creciera tan deprisa, Valencia está sobrealimentada, cuando era aun pequeña le dieron demasiado de mamar y ahora pasa lo que pasa. El ruido de una obra me alerta sobre su inmediato futuro, el derrumbe de unas casas en el Cabanyal me indica lo que mis ojos no quieren ver. El otro día vi en la televisión los nuevos proyectos que a ésta le deparan, decían que con la American´s Cup, la Fórmula 1 y no se cuantas más tonterias, "iban a acercar Valencia, al resto del mundo".
Dudo que el resto del mundo quiera ver más clones del resto de ciudades, porque esta ciudad tiene su propia identidad y renegar de ella es un error, tiene muchas cosas bonitas, y otras tantas feas, pero por ese mismo motivo, se hace mucho más interesante.
Desconozco si hay afueras en esta ciudad, ya hace unos cuantos años que se a engullido pueblos de alrededor, es increíble la codicia de quienes la manejan a su antojo. Porque al fin y al cabo ella es buena, y de tan buena, tonta, y se deja llevar por quienes le prometen lo mejor, promesas falsas claro está, políticos que sólo quieren tener llenas sus barrigas y sus carteras de Luis Buiton.
Valencia a veces recuerda tiempos en la que era mucho más joven que ahora, recuerda campos de naranjos, huertas, barracas y gente noble y humilde, recuerda citas de Blasco Ibañez, y azules de Sorolla, recuerda caminos empedrados que llevaban al mar, caminos muy distintos a los que ahora vemos, asfaltados con los sueños de quienes duermen en ella.