El piano de DooleyWilson nunca tocó una balada tan triste, todos sabíamos que era la última vez que Sam volvería a escuchar esa celebre frase salir de los labios humeantes de Bogart, pero esta vez sí, Sam la tocó por última vez. Nadie pidió al caprichoso futuro que pintara nuestra retina de color y modernidad, nadie le pidió que se tragara el deseo de los que tanto han hecho por encender las luces de candilejas de nuestros sueños, nadie le pidió que diera cuerda al reloj voraz que todo se lo lleva, por un puñado de dolares. Sin duda hoy ha muerto parte de mí, cuando salga a la calle, tendré esa extraña sensación de no saber muy bien a dónde ir, andaré sin rumbo hacía el ocaso, como el forajido al final de la película, intentando no tropezar con los títulos de crédito. Hoy, desde el cielo llora IngridBergman, Sergio Leone, Lee Van Cleef, MarlonBrando, LopezVazquez, TonyCurtis, CaryGrant, AudreyHepbourn, JohnWayne, PaulNewman... etc, etc. (Y por supuesto el bueno de Humphrey). Gracias a Dios las buenas películas nunca mueren en el olvido y de hecho con el tiempo son mejores, como actor de reparto que fui, nunca olvidaré el gran papel que jugaron los actores principales de aquella película que fue el VideoclubBogart, nunca las historias de humor absurdo que allí sucedieron, tampoco las de amor, que por haberlas las hubo, también y lamentablemente nunca olvidaré la última historia dramática que fue cuando escuché cerrar por última vez la persiana que tantas veces había visto abrir. Mañana el VideoclubBogart pasará a ser una tienda de regalos, seguramente con el tiempo acabará siendo un bazar chino o una frutería india, para algunos siempre será nuestro punto de reunión y nuestro consejo de sabios que nos ha visto crecer en los últimos doce años... en fin, siempre nos quedará París.
Las primeras veces se suelen recordar, para bien o para mal, yo nunca olvidaré la primera foto que hice. Apenas recuerdo con que cámara fue, creo que era una de esas compactas tipo "comunión" en las que hacías ejercicio de pulgar para correr el carrete. Lo que sí que recuerdo es donde fue y las sensaciones que tuve, nos encontrábamos en Alcalá del Júcar, yo tendría unos seis años, era flaco y cabezón y cosas de la niñez, se me antojó hacerle una foto a mi padre, el resultado salió bien o al menos encuadrada que ya era bastante, recuerdo como cuando mi madre trajo a casa las copias dijo lo bien que había salido la foto y que podría hacerme fotógrafo, mi madre siempre tan exagerada, (quizá esa vez, sí tuviera razón). Eran tiempos distintos, ahora no hay niño que se precie que no lleve una cámara digital o un móvil con cámara de tropecientosmegapixeles, no sé si llegarán a tener el recuerdo de la primera foto que hicieron, como lo tengo yo, lo que seguro que tendrán serán miles de recuerdos de su infancia y eso me da tanta envidia... En fin, yo me quedo con esta foto y con las ganas de volver a tener seis años.
Posdata: De pequeño ya tenía la manía de situar al sujeto a un lado del cuadro, que cosas.
Paremos a pensar un rato, yo el otro día lo hice, sí, de vez en cuando lo hago; me encontraba en la playa por la noche viendo los fuegos artificiales que se hacen en Alicante después de hogueras. Me llamó especialmente la atención, la cantidad de gente que estaba prestando más atención a sus móviles y cámaras de fotos que al espectáculo pirotécnico, me fijé que la playa del Postiguet era un manto de luces de las pantallas LCD. Resulta curioso, la verdad, vivimos una época en la que la fotografía y el vídeo se ha popularizado tanto, que ha perdido todo valor, resulta tan barato captar ciertos momentos de la vida, que no dudamos ni un momento en sacar a relucir nuestro móvil de 8megapixeles o nuestra nueva cámara reflex. Nos hemos convertido en un contenedor de basura de imágenes, no importa que formato, si foto o vídeo, el caso que ahora todo vale, lo grabamos todo, lo fotografiamos todo, absolutamente todo, nos hemos convertido en aquellos japoneses incomprendidos que hace no tanto tiempo nos llamaban la atención, ellos tan puestos, con su arsenal de cámaras, de alguna manera, nos hemos vuelto menos selectivos, y creo que con esa perdida de selectividad estamos perdiendo peso en nuestra obra final. Recuerdo las fotos de cuando era niño, o las de la juventud de mis padres, son fotos en las que una sola foto, o tal vez un par, pero nunca más de tres, contaba una historia, o un viaje, ahora volvemos a casa después de nuestras vacaciones, con cientos de fotos y decenas de vídeos, fotos y videos que van directos al disco duro de nuestro ordenador. En el mejor de los casos algunas de esas fotos irán a parar a cualquiera de los portales de fotos de Internet, tales como Flickr, también las colgaremos en Facebook, para que todo el mundo vea dónde hemos estado y lo buenos fotógrafos que somos gracias a nuestra nueva cámara, eso en el mejor de los casos. Puede que no corran tanta fortuna y acaben muriendo en el disco duro, literalmente y que pasemos una semana lamentandonos porque hemos perdido aquellas fotos de Londres, Paris o Cuenca, sin haber tenido la precaución de haber hecho una miserable copia de seguridad. Quiero dejar constancia que no estoy en contra de la popularización de la fotografía, ni mucho menos. Creo que estamos viviendo una revolución fotográfica gracias a la asequibilidad de las cámaras digitales equivalente a la que se vivió cuando GeorgeEastman en 1888 sacó al mercado la primera Kodak 100 vista, y creo que esa popularización es muy buena, siempre he dicho que siempre se aprende de cualquiera, desde el fotógrafo más respetado hasta de la visión inocente que pueda tener un niño al cojer su primera cámara de fotos, y pulsar el botón sin saber muy bien lo que está haciendo. Pero lo que no me gusta tanto es ese pensamiento que se tiene ahora de que hay que grabarlo todo, a veces una foto puede simplificar diez tediosos minutos de vídeo, o incluso una noche entera de fotos interminables, simplemente hay que agudizar la vista y captar ese momento decisivo. Yo sé, que no soy nadie para dar ese tipo de consejos, incluso muchas veces acabo haciendo lo contrario de lo que predico, pero sinceramente, creo que no merece la pena ir a los fuegos del Postiguet, como podría ser cualquier otro acto, estar con la gente a la que quieres, y pasarte el espectaculo entero, pegado a la pantalla de tu móvil/cámara, sin valorar ese momento único que nunca más se va a volver a repetir, por mucho que lo tengamos grabado en vídeo.
Aquí os dejo un vídeo que he encontrado en el Youtube, he pillado uno al azar, para comprobar si alguien tiene el valor para verlo entero o si soy yo el único que piensa que estos vídeos se hacen insoportables.
El camino a veces se complica más de lo esperado, a veces nos empeñamos en darle patadas a las piedras que nos encontramos en él, cuando realmente lo más fácil es esquivarlas y seguir apuntando al horizonte. En ese horizonte quizá encuentres personas esperándote a que le acompañes y juntos hacer así el trayecto más fácil. A veces lo único que tienes que hacer es chillar fuerte para ser escuchado, y sólo entonces quizá alguien te diga, que las soluciones estaban en el viento, flotando en el viento, como decía el tío Bob.
Te fuiste lentamente, tripulando la Santamaría, en busca del nuevo mundo, la tierra prometida, marchaste con el viento en contra y dejaste atrás un océano de lágrimas saladas, maldiciendo tu viaje sin retorno. Derribaste a martillazos las cuatro paredes blancas que te tenían preso, atrás quedan sus escombros, lejos, todo recuerdo de tu pasada vida. Hoy sólo se escucha el eco de tu voz, tus historias vividas, desde Alicante, hasta Valencia, desde Tokio a Sudamérica, desde Portugal hasta Holanda, desde mi corazón hasta las estrellas. Te vas desvaneciendo como el sueño que fuiste, un sueño frustrado por este mundo que no da tregua a los hombres buenos, allá donde estés, prométeme escribirme cartas y recuerda también decirle a tu Dios de mi parte, que muchas veces se equivoca y que no cometa el fallo de juzgarte, no sea que nos toque juzgar nosotros sus decisiones.
Siempre te recordaré intentando poner paz allá donde ibas.
Cuando me dijiste que tú querías un hombre como yo, pensé que estabas loca o que me estabas tomando el pelo, al final de las dos opciones resultó ser la primera. Desde aquello ha llovido ya algún tiempo, mientras tanto seguimos dejando atrás aniversarios y contando de manera enfermizamente pueril los días que faltan para el próximo. Desde que estás a mi lado, los días ya no pesan, la cálida voz del despertador me agrada, porque anuncia un nuevo día a tu lado, las arrugas ya no hieren como tijeras, el viento en contra no se lleva mi sombra, he comenzado a tachar los días del calendario, desapareció el miedo a envejecer pero apareció el miedo a perderte. Los miedos son necesarios, uno nunca puede estar cien por cien tranquilo. Yo tengo otros miedos, pero tú has sabido ayudarme siempre a superarlos. Me has enseñado a hacer café, a conocer nuevas gentes, y conocerme a mi mismo, a separar la ropa de color y la blanca, a quererme un poco más, y a darme cuenta que puedo ser querido, y cómo no, a amar. Te lo habré dicho una y mil veces, pero el significado amor antes de que tú pasaras por mi vida, era una utopía, tú, me deletreaste una por una todas las letras, y la introdujiste en mi diccionario. Contigo cada día es distinto, siempre me sorprendes con una cosa nueva, soy tan libre que a veces temo haberme encontrado conmigo mismo, porque sólo contigo puedo hacer y decir, lo que con otras personas sería una locura. Me comprendes mejor que yo y con una sonrisa tuya, arreglas mi peor día. Brindemos pues por estrenar nuevos calendarios juntos.
El dolor que sentía en los ojos, hoy ha desaparecido, los hilos que se entrecruzaban entre mis parpados han sido cortados, y el bozal impuesto por el traicionero tiempo ha caído por si solo. Vuelvo a sentir los cinco sentidos sobre mí, quizá con más fuerza que nunca, y es que después de un periodo de hibernación, todo resulta mucho más puro. Escapé de la cueva que me tenía preso, la huida fue bastante fácil, la llave la tenía yo, yo era mi propio carcelero, mi verdugo y mi cómplice, simplemente tenía que decidir mi destino. Decidí salir, y esperé a que este aire de falsa felicidad y consumo desapareciera de todos lados, como ya dije, los cinco sentidos se me habían incrementado, y ese mismo aire me provocaba alergia al respirarlo. Al salir, compruebo que todos los caminos llevan al fracaso, la desesperación, la incertidumbre, el miedo y la frustración, al comprobar semejante panorama decido no tomar ninguno de los caminos y escalar el muro que tenía a mis espaldas. Es difícil subirlo, peligroso y no paran de caerme piedras en mi cara, pero decido seguir. Consigo llegar a la cumbre, desde ahí todo se ve mucho más claro, los problemas se hacen insignificantemente pequeños, y yo, desde arriba, compruebo como todos aquellos caminos que llevaban al fracaso al final se van desvaneciendo y se quedan en nada. Quizá sea cuestión de dejar de plantearse de una vez que camino coger y actuar de una vez, porque el tiempo no espera a nada ni a nadie.
"TempusFugit"
Las fotos están hechas con un móvil y son mi resumen navideño.
Creo que he derrotado a la bestia, estoy prácticamente seguro, creo que ya no volverá a molestar nunca jamás, espero que no vuelva, porque mi trabajo me ha costado expulsarlo de dentro de mí. Era un ser odioso, terrible, un ser que insistía una y otra vez en destrozarme por dentro, se metió dentro de mi cabeza y la manejaba a su antojo, pretendía que fuera la persona más infeliz del mundo y que me pareciera que todo, absolutamente todo estaba contra mí, cometió el fallo de no apoderarse de mi corazón. Afortunadamente ya todo eso queda atrás, no me atribuiré yo sólo el merito de la victoria, ya que esto ha sido un trabajo en equipo, yo sólo no hubiera podido. Ahora todo es mejor, la telaraña gris que cubría mis ojos ha desaparecido, ahora lo veo todo de colores, incluso los nubarrones que hoy cubren el cielo tienen cierto aire de alegría. El monstruo ha desaparecido, pero él es inmortal, y renace de sus cenizas, tendremos que estar al tanto y hacer guardia, siendo dos personas siempre es mucho más fácil.
"El punto es un signo gráfico que cierra oraciones o frases con sentido completo. Se escriben sin dejar espacio de separación con el carácter que precede pero dejando un espacio con el carácter que sigue a continuación a no ser que dicho carácter sea de cierre"
Esto que he copiado en el wikipedia pasa también en la vida real con las personas, porque queramos o no, sólo somos puntos, minúsculos puntos que nos vamos moviendo de arriba abajo como pequeñas hormigas, algunos se creen demasiado lo de parecerse a una hormiga y se pasa la vida entera buscando a su reina. Y como puntos que somos, también existimos distintos tipos de puntos: Está el punto y aparte, muy recto y siempre encabezonado en dejarlo todo bien ordenado. También tenemos al punto y coma, que se encarga de cambiar de tema, estos tipos de puntos son odiosos, siempre me ponen de los nervios, sólo les importa ellos mismos. Otro caso son los dos puntos, siempre se encargan de planificar lo que vendrá a continuación, suelen ser buena gente de todas maneras, aunque un poco obsesivos. Hay otro tipo de puntos que son de abreviación, generalmente son puntos muy jóvenes, que siempre van con prisas y quieren acortar las palabras, con el tiempo se acaban convirtiendo en puntos suspensivos, los más olvidadizos de todos. También existen los puntos finales, los más terribles de todos, no dan alternativa a nada, si llegan al poder estamos todos jodidos, para terminar están los puntos y seguido, para mi los mejores, siempre miran para delante y con sólo una sonrisa te convencen de que otro mundo es posible. De hecho adoro a los puntos seguidos porque aunque la goma de borrar se encargue de eliminar su rastro tu sabes que siempre están ahí y te ayudan a empezar la siguiente frase en mayúsculas. En la foto vemos a una punto y seguido amiga mía.
Los versos escritos por las nubes caen kamikazes a tu encuentro, gotas de agua dulce, cuyo destino es encontrar su muerte sólo para que tú te puedas reflejar en sus charcos. Mi amigo viento, cambia de opinión, olvida a la bella Poniente y va en busca de la olvidada Levante, nunca supo amar a una sola mujer, por mucho que yo le dijera que tenía que tranquilizarse un poco. Su marcha dejo abierta las puertas de la ciudad olvidada, sus rejas, manchadas de carmín, nunca habían estado tan felices, alguna ninfa, sin duda, había pasado por allí. Me adentré un poco más en el bosque de piedras enanas, sorteé los obstáculos que me encontraba frente a mi, abrí las puertas de hierro macizo que Hefesto interpuso en mi camino, porque él, como el resto de los mortales y dioses, también estaba enamorado de ti. De pronto una luz cegadora, caí rendido de espaldas, y ya no recuerdo nada, sólo una boca pequeñita, acercándose lentamente, y susurrándome al oído, palabras, que desde entonces hasta ahora nunca podré olvidar.
Huir no es siempre el peor de los casos, siempre puedes quedarte y afrontar el camino marcado, bajar la cabeza y seguir al rebaño en busca del pasto que el amo proporciona. Podemos admitir que nuestra libertad queda encasillada conforme sea de grande nuestro corral, y que no hay más mundo más allá de donde nuestra visión no alcanza. Pero otro mundo es posible, poco a poco te vas acercando al cercado, y pausadamente tus pies se situan de puntillas para comprobar como más allá de la granja hay un universo entero de pastos libres de vallas, libres por explorar, y poco a poco encuentras la llave que abre la puerta de tu libertad, para huir lejos y no volver jamás.
Tú y solamente tú, eres el significado de la palabra regreso, eres cada una de las letras que la forman, eres el pensamiento perenne de todo el trayecto, eres el billete comprado a ultima hora y el sprint final que me lleva a la vía seis. Bajo de un salto al anden de la ciudad que me vio nacer buscándote entre un mar de gente, pero no estas, siempre llegas tarde, es otra cosa de las que, extrañamente, me gustan de ti. En la estación un niño come un helado, mientras su madre habla por el móvil y dos parejas de chavales se arropan en un abrazo sin fin, una voz sin dueña anuncia la salida inmediata de sueños que viajan hacía el sur, y de pronto, tú.
Cuando mirar al futuro no nos aterra, y ya sólo puedes ver palabras sin disfraces escritas en carreteras de caricias en tu espalda, cuando tu mirada es cristalina y sólo veo unos ojos llenos de lágrimas de sinceridad y amor, cuando tus abrazos tienen energía, como los del primer día que te conocí y tus besos cada día me dan más calor, cuando tu risa me sigue pareciendo el sonido más bello del planeta, y cuando tus palabras coinciden con las mías en esa fracción de segundo en la que callamos durante un paréntesis de besos para decirnos "te quiero", sólo entonces comprendo el significado de la palabra felicidad.
La intranquilidad no lleva a ninguna parte, el deseo de querer abandonar jamás esta presente en mi mente, todo es pasajero, sobretodo las malas cosas. Me dicen que soy demasiado positivo, pero no puedo ser de otra manera, uno aprende de los fallos hasta convertirse en el que es hoy en día, y me gusta como soy, lo que tengo y quienes tengo a mi alrededor. Uno aprende que no llueve eternamente, que cobijarse no es la mejor de las opciones, que el viento sopla en contra dependiendo en que dirección apunta tu vela, uno aprende a levantar la cabeza cuando el peso del mundo cae sobre ella, uno aprende que si ha caído y ya no puede levantarse, siempre habrá algún bastón con el que ayudarse, y aprende a rodearse sólo de buenos bastones que le ayuden a no tropezarse en este mundo lleno de obstáculos.
Cansado de estar cansado de remar contracorriente me dejé llevar por la marea, olvidé los remos en casa y me embarqué en un viaje suicida. Anhelo el sabor que tenían tus abrazos y sólo han pasado un par de horas desde que te dejé, nunca más volveremos a vernos mora de mis amores, nunca más te miraré a la cara para decirte todo lo que te echo de menos. El mar se encargará de mi, fuimos dos hombres con un mismo destino y al final ganó él, así que ahora me toca dejarte sola con él y que su brisa te despierte cada día de tu vida. Mientras tanto yo marcharé allá dónde ya nada vale nada, con un poco de suerte llegaré a tierras lejanas, donde tu rostro no se observe a lo lejos, y con mucha más suerte quizá el oleaje vuelque mi barca para llevarme a lo más hondo del Mediterraneo y sólo así poder tenerte de por vida, en los sueños de un muerto suicida que se dejó vencer por la idea de no tener tu sonrisa.
Confió en ti, quizá sea un error, no es la primera vez que me equivoco contigo, ni la ultima que me traicionarás al darte una segunda, tercera y cuarta oportunidad, pero yo soy así, nací para sufrir, para apostar mis sueños a la ruleta rusa, soy tu ludópata de amor. Tengo fe ciega en ti, y me creo las mentiras que me dices, cuando mirando por la ventana me juras que nunca me abandonaras, que siempre serás aquella niña que conocí una noche sin luna en un agosto sin calor. Abro mi corazón y te doy la espalda, esperando a que termines con mi sufrimiento, a que acabes conmigo, utilizando tus armas de mujer que tan bien sabes manejar para darme y quitarme la vida, con una sola palabra, con un solo gesto, con un solo desprecio.
La incertidumbre que gobierna cada uno de mis pensamientos me llevó al grave error de buscar respuestas sin pregunta en antiguas creencias desfasadas. No encontré contestación ninguna, estuve horas mirando al cielo, esperando esa señal divina que me dijera lo que debía o no debía hacer, pero él no decía nada, sólo me miraba con ojos risueños. Entonces el cielo finalmente habló, me dijo que la respuesta estaba en él, en sus nubes, en su brisa, en su infinita belleza... pronto entendí que el cielo eras tu y que por eso tenía las respuestas a todas mis preguntas.
Desgraciadamente nunca me gustaron las despedidas, y menos las de algo tan inmaterial como son los sentimientos. Un día de copas en el pico más alto de mis sueños juré a mi compadré corazón no sentir nunca más, encerrarme en mi burbuja de felicidad, pero pronto mi otro compañero de penurias, el hígado, me dijo que no lo hiciera, que el que siempre salia perjudicado por mi culpa era él, por refugiarme en bares en los que nunca debí entrar. Al final los dejé a los dos peleándose y me fui lejos de ahí con la cabeza agachada buscando mi moneda de la suerte, no tardé en encontrarla, pero la mala sombra se cebó de nuevo sobre mi, esta moneda no tenía ni cara ni cruz, aquí no vale todo, ni todo es blanco ni todo negro.
El olor a pólvora me recuerda que pronto vendrás de regreso allá donde nunca debiste marchar, allá donde las espinas de los rosales hacen cosquillas, donde el agua estancada huele a vainilla. Volverás con la neblina del ocaso, con la primera brisa de la mañana, con los primeros graznidos de las gaviotas, con su primer batir de alas, volverás con tu galeón pirata, a recriminarle a este cristiano cobarde, no haber emprendido por ti una cruzada.
No deberías ponerte celosa, no, nunca lo hagas, yo no te mentiré, jamás te diré que eres la mujer de mi vida, que no te engañaré, porque si lo haré, tranquila, mi amante no será rubia ni morena, ni sus ojos serán como los tuyos, que más quisiera. Nunca pasearemos juntos por las calles de Alicante, Valencia o donde sea, pero ella siempre estará en mi mente, esté donde esté. Quién si no, el amor de mi vida, la mar.
Porque la belleza consiste en las cosas sencillas, al menos para mi.