

El Barrio de Santa Cruz es un barrio atípico, y su procesión también, igual se te acerca un nazareno borracho y te tira el aliento a DYC que te encuentras a una anciana entusiasmada con los ojos abiertos de par en par esperando ver a Jesús el Nazareno.
Yo personalmente me quedo con el brillo en los ojos de esa mujer, y con la madre explicándole a su hijo que es lo que significaba todo aquello, y con aquellos que dejan atrás rencillas por una vez al año y comparten sudor y sufrimiento bajando los pasos por aquellas empinadas calles…
Yo gracias a Dios, ni creo ni dejo de creer, como he dicho más de una vez, yo creo en mi, y en los que me acompañan, lo demás está de más.
Eso si, en estos días, pasados ya, de cuaresma y redención siempre me viene en mente uno de los pocos mandamientos que recuerdo tras largos años de clases de religión en el colegio:
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.”
Nunca acabé de entenderlo.













