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martes, 29 de junio de 2010

Reflexiones con sabor a polvora

Paremos a pensar un rato, yo el otro día lo hice, sí, de vez en cuando lo hago; me encontraba en la playa por la noche viendo los fuegos artificiales que se hacen en Alicante después de hogueras. Me llamó especialmente la atención, la cantidad de gente que estaba prestando más atención a sus móviles y cámaras de fotos que al espectáculo pirotécnico, me fijé que la playa del Postiguet era un manto de luces de las pantallas LCD. Resulta curioso, la verdad, vivimos una época en la que la fotografía y el vídeo se ha popularizado tanto, que ha perdido todo valor, resulta tan barato captar ciertos momentos de la vida, que no dudamos ni un momento en sacar a relucir nuestro móvil de 8megapixeles o nuestra nueva cámara reflex. Nos hemos convertido en un contenedor de basura de imágenes, no importa que formato, si foto o vídeo, el caso que ahora todo vale, lo grabamos todo, lo fotografiamos todo, absolutamente todo, nos hemos convertido en aquellos japoneses incomprendidos que hace no tanto tiempo nos llamaban la atención, ellos tan puestos, con su arsenal de cámaras, de alguna manera, nos hemos vuelto menos selectivos, y creo que con esa perdida de selectividad estamos perdiendo peso en nuestra obra final. Recuerdo las fotos de cuando era niño, o las de la juventud de mis padres, son fotos en las que una sola foto, o tal vez un par, pero nunca más de tres, contaba una historia, o un viaje, ahora volvemos a casa después de nuestras vacaciones, con cientos de fotos y decenas de vídeos, fotos y videos que van directos al disco duro de nuestro ordenador. En el mejor de los casos algunas de esas fotos irán a parar a cualquiera de los portales de fotos de Internet, tales como Flickr, también las colgaremos en Facebook, para que todo el mundo vea dónde hemos estado y lo buenos fotógrafos que somos gracias a nuestra nueva cámara, eso en el mejor de los casos. Puede que no corran tanta fortuna y acaben muriendo en el disco duro, literalmente y que pasemos una semana lamentandonos porque hemos perdido aquellas fotos de Londres, Paris o Cuenca, sin haber tenido la precaución de haber hecho una miserable copia de seguridad.
Quiero dejar constancia que no estoy en contra de la popularización de la fotografía, ni mucho menos. Creo que estamos viviendo una revolución fotográfica gracias a la asequibilidad de las cámaras digitales equivalente a la que se vivió cuando George Eastman en 1888 sacó al mercado la primera Kodak 100 vista, y creo que esa popularización es muy buena, siempre he dicho que siempre se aprende de cualquiera, desde el fotógrafo más respetado hasta de la visión inocente que pueda tener un niño al cojer su primera cámara de fotos, y pulsar el botón sin saber muy bien lo que está haciendo. Pero lo que no me gusta tanto es ese pensamiento que se tiene ahora de que hay que grabarlo todo, a veces una foto puede simplificar diez tediosos minutos de vídeo, o incluso una noche entera de fotos interminables, simplemente hay que agudizar la vista y captar ese momento decisivo.
Yo sé, que no soy nadie para dar ese tipo de consejos, incluso muchas veces acabo haciendo lo contrario de lo que predico, pero sinceramente, creo que no merece la pena ir a los fuegos del Postiguet, como podría ser cualquier otro acto, estar con la gente a la que quieres, y pasarte el espectaculo entero, pegado a la pantalla de tu móvil/cámara, sin valorar ese momento único que nunca más se va a volver a repetir, por mucho que lo tengamos grabado en vídeo.
Aquí os dejo un vídeo que he encontrado en el Youtube, he pillado uno al azar, para comprobar si alguien tiene el valor para verlo entero o si soy yo el único que piensa que estos vídeos se hacen insoportables.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Segundo, puerta tres

Seguramente estas no sean mis mejores fotos, de hecho no sé si tengo mejores fotos, seguramente a la gente le parezcan vulgares imagenes, y de hecho, estarán en lo cierto.
La magia de la fotografía reside en esa lucha constante que mantiene con el tiempo, la fotografía consigue que por un momento olvidemos que el tiempo pasa más deprisa de lo que creemos, y nos transporta a tiempos pasados, en los que generalmente fuimos felices, (no creo que muchos tengan fotografías del entierro de familiares y sucesos traumáticos), pero eso son otros menesteres.
Hace medio año volví con el rabo entre las piernas a Alicante, a veces hay que traicionar al corazón y seguir lo que la cabeza, y en mi caso, la tarjeta de crédito, te guíe. Como dije, hace medio año que volví de Valencia, y parece que fuera hace una eternidad. Allí pasé de ser un niño a un hombre, aprendí a convivir, le di alimento a mi coco, falto de motivaciones hasta ese momento, encontré a la otra mitad de esta naranja partida, dónde sino encontrar a mi otra mitad que en Valencia, tierra huertana donde las haya, aprendí a creer que los sueños pueden hacerse realidad, y también aprendí, aunque esto último fue lo que menos me gustó, que para crecer hay que rechazar muchas cosas y personas que quisiéramos tener para siempre.
Hace seis meses volví a Alicante, hace unas semanas pasé un fin de semana en Valencia, hace diez minutos estaba viendo fotos de aquel piso, de esa suma, nace esta entrada.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Humo y mentiras

Contaminada estaba su alma de tanto mentirse a si mismo, nunca fue su intención enterrar el hacha de guerra, simplemente se le cayó. Las palabras dejaron de doler, porque de tanta injuria ya no iban cargadas de veneno, se le acabó las reservas hace mucho tiempo. El viento que todo lo oye y todo lo cuenta sufrió un accidente y estuvo varios meses de baja. Así fue que tanta mentira y tanto desengaño empezó a acumularse, era prácticamente impracticable andar por los pasillos de palacio sin tropezar. Ella más compulsiva que otra cosa, decidió prender fuego a todas aquellas palabras abandonadas. Tantas palabras marchitas, tanto desprecio, tanto te quiero con fecha de caducidad, hizo que la lumbre tardara en apagarse, fue por este motivo por el que la princesa del reino de las segundas oportunidades, tuvo que andar por palacio de esta guisa.

miércoles, 9 de enero de 2008

Rozando el cielo


Lo reconozco, no soy tan valiente como quiero aparentar, sufro muchos miedos, y uno de ellos es el vértigo, me aterra subir a la cima, mirar abajo y ver como las cosas van tan rápido que no me da tiempo a reaccionar, subir tan alto que tu figura apenas se distinga.
Estar a tal altura hace que la presión del aire me haga alucinar y obviar los sentimientos para dejarlos a un lado y solo pensar en la supervivencia.
Tengo tanto, tanto miedo...
Pero todo aquello queda atrás, cuando por fin llego a la cima, y al llegar a ella descubro a las estrellas, el Sol y la Luna, y también los paisajes de los que me hablabas en tus sueños, la inmensidad del mar, la grandeza del cielo, la nieve arropando a las montañas. Todas, todas las maravillas menos una...

domingo, 3 de junio de 2007

En busca de la felicidad

Bajo un Sol de justicia permanecen personas que buscan tener los mismos derechos que el sujeto que escribe estas lineas y que el/ella que las lee. Tan solo unos papeles les devuelvan la libertad que se les fue arrancada en cuanto salieron de sus países, en el momento que embarcaron a aquel ferry o subieron al avión con destino a la tierra prometida. Una sola firma les concede derechos tan fundamentales como la libertad de viajar a donde quieran, de votar, de ser del grupo llamado "legales" una sola firma para despojarlos de esa palabra que hace tanto daño, una sola firma para dejar de ser extranjero en un mundo agrietado de tantas fronteras.

viernes, 2 de marzo de 2007

Atardece en la Alhambra

Granada, la ciudad que no puedo dejar de visitar, por más que vaya no me canso de volver siempre a los mismos lugares, pero siempre distintos, atardece en la Alhambra, toda una experiencia.

viernes, 19 de enero de 2007

Año nuevo...

Paseando por la calles de Granada el día uno de Enero me encuentro con la siguiente estampa, un hombre sin rumbo, sin destino, sin mas intención que estarse sentado ahí, sin más, luchando por vivir, por llevarse algo a la boca, por respirar... Eran las diez de la mañana, la ciudad vivía su particular resaca, para este hombre, huerfano de la sociedad, ese día era un día mas, para él no existía la nochevieja, ni mucho menos la navidad, volví a pasar a las 8 de la tarde y estaba en el mismo sitio esperando quien sabe que... él si que puede desear un"año nuevo, y una vida nueva"