
El dolor que sentía en los ojos, hoy ha desaparecido, los hilos que se entrecruzaban entre mis parpados han sido cortados, y el bozal impuesto por el traicionero tiempo ha caído por si solo.Vuelvo a sentir los cinco sentidos sobre mí, quizá con más fuerza que nunca, y es que después de un periodo de hibernación, todo resulta mucho más puro.
Escapé de la cueva que me tenía preso, la huida fue bastante fácil, la llave la tenía yo, yo era mi propio carcelero, mi verdugo y mi cómplice, simplemente tenía que decidir mi destino.
Decidí salir, y esperé a que este aire de falsa felicidad y consumo desapareciera de todos lados, como ya dije, los cinco sentidos se me habían incrementado, y ese mismo aire me provocaba alergia al respirarlo.
Al salir, compruebo que todos los caminos llevan al fracaso, la desesperación, la incertidumbre, el miedo y la frustración, al comprobar semejante panorama decido no tomar ninguno de los caminos y escalar el muro que tenía a mis espaldas. Es difícil subirlo, peligroso y no paran de caerme piedras en mi cara, pero decido seguir.
Consigo llegar a la cumbre, desde ahí todo se ve mucho más claro, los problemas se hacen insignificantemente pequeños, y yo, desde arriba, compruebo como todos aquellos caminos que llevaban al fracaso al final se van desvaneciendo y se quedan en nada.
Quizá sea cuestión de dejar de plantearse de una vez que camino coger y actuar de una vez, porque el tiempo no espera a nada ni a nadie.
"Tempus Fugit"
Las fotos están hechas con un móvil y son mi resumen navideño.

El frió le abrasó, el calor le heló hasta la última de sus costillas, la luz de la Luna la obligaba a llevar gafas de sol, y de día no podía salir de casa sin su linterna, el secreto le fue contado todos los días por todas las personas con las que nunca llegó a hablar, a la vez que la voz popular nunca llegó a sus oídos, porque sus oídos jamás llegaron a escuchar. En su casa las puertas eran ventanas, y las ventanas puertas, los cuadros no colgaban de las paredes, sino eran paredes las que colgaban de los cuadros tendidos en el suelo, el cesto de la ropa sucia estaba lleno de ropa limpia, y lo contrario pasaba con su armario. Las chaquetas estaban forradas de agujeros, y los bañadores de lana. No concebía el significado de la palabra tiempo, porque el tiempo era lo que jamás tuvo, ni nunca quiso. De pronto alguien cruzó su ventana sin tocar al timbre, entró en su casa, esquivó los cuadros tendidos en el suelo, no le contó el secreto, que hacía tiempo que había dejado de serlo, tuvo la tentación de contarle la voz popular, pero supo que pronto lo entendería todo, y poco a poco se acercó más a ella, finalmente logró quitarle las gafas de sol, la ceguera desapareció, como todas aquellas sensaciones contradictorias. Pronto pudo ver, que la persona que vino a visitarla era la cordura, que para bien o para mal, le despertó de ese extraño sueño de una noche de verano. 









