“Trabajar en la noche” es una frase que siempre me ha hecho gracia, uno siempre se imagina porteros de discotecas, streepers, gogos, camareros de garitos, incluso, ¿por qué no? camellos, prostitutas, chorizos y un largo etcétera de fauna nocturna. Y no es que los meta a todos en un mismo saco, que no es el caso, que no se mal interpreten mis palabras, pero es que por las noches todos los gatos son pardos, y yo suelo ir muy ciego.El caso, es que yo también quisiera trabajar de noche, siempre he sido muy envidioso, muchas veces he soñado con ello. Quisiera ser faro que guía a los marineros a casa, quisiera ser cometa para hablar con las estrellas, quisiera ser un grillo flamenco y cantarte por soleares, quisiera ser farola para alumbrar las baldosas que pisas camino del trabajo, también quisiera ser reflejo de luna, y el aliento de un búho, quisiera ser sábana arropando tu espalda en el sueño de un viernes de resaca, quisiera ser taxista de guardia y farmacia dormida y quisiera ser infinito, como el manto negro nocturno, que nos protege de toda la hipocresía que nos trae un nuevo día.
Quisiera ser obrero de tus noches, trabajando sin descanso.
La foto es del making off que hice durante la grabación de un videoclip realizado por Moana Producciones.


En este blog puede colaborar todo el que quiera, como ejemplo el de una buena amiga mía que aun no he tenido el placer de conocer, que me habló de este fotógrafo, muchos considerareis un insulto mi ignorancia, pero rectificar es de sabios, y informarme sobre él y ojear su obra, allá va esta entrada.






Enfrentarse a pecho descubierto a la obra de García – Alix es casi un suicidio, sus fotografías están llenas de emotividad y dotadas de una fuerza lejos de lo que estamos acostumbrados. La sensación de absoluta desolación que nos entra al contemplar su obra se debe a la invitación, ingenuamente aceptada, para ser testigo de su vida, una vida dura y marcada por la perdida de amigos y familiares, aunque bien es cierto, que para él desde el momento que retrata está fotografiando cadáveres.

Nunca en mi vida he visto una ciudad que creciera tan deprisa, Valencia está sobrealimentada, cuando era aun pequeña le dieron demasiado de mamar y ahora pasa lo que pasa. El ruido de una obra me alerta sobre su inmediato futuro, el 





El dolor que sentía en los ojos, hoy ha desaparecido, los hilos que se entrecruzaban entre mis

El frió le abrasó, el calor le heló hasta la última de sus costillas, la luz de la Luna la obligaba a llevar gafas de sol, y de día no podía salir de casa sin su linterna, el secreto le fue contado todos los días por todas las personas con las que nunca llegó a hablar, a la vez que la voz popular nunca llegó a sus oídos, porque sus oídos jamás llegaron a escuchar. En su casa las puertas eran ventanas, y las ventanas puertas, los cuadros no colgaban de las paredes, sino eran paredes las que colgaban de los cuadros tendidos en el suelo, el cesto de la ropa sucia estaba lleno de ropa limpia, y lo contrario pasaba con su armario. Las chaquetas estaban forradas de agujeros, y los bañadores de lana. No concebía el significado de la palabra tiempo, porque el tiempo era lo que jamás tuvo, ni nunca quiso. De pronto alguien cruzó su ventana sin tocar al timbre, entró en su casa, esquivó los cuadros tendidos en el suelo, no le contó el secreto, que hacía tiempo que había dejado de serlo, tuvo la tentación de contarle la voz popular, pero supo que pronto lo entendería todo, y poco a poco se acercó más a ella, finalmente logró quitarle las gafas de sol, la ceguera desapareció, como todas aquellas sensaciones contradictorias. Pronto pudo ver, que la persona que vino a visitarla era la cordura, que para bien o para mal, le despertó de ese extraño sueño de una noche de verano. 

