

Bueno, la noticia no es nueva, de hecho nos sorprendió la semana pasada en la cabecera de casi todos los noticieros. La fotógrafa inglesa Corinne Day ha puesto a la venta unas instantáneas no publicadas de la modelo Kate Moss, que la fotógrafa le hizo a esta cuando tenía tan sólo quince años. De hecho, Corinne, entre otras muchas cosas es conocida por haber descubierto a la celebre modelo inglesa.Estas instantáneas ayudaran a la fotógrafa a costearse el caro tratamiento contra el cáncer que padece, cada mes saldrán a la venta por Internet una imagen al precio de 116 euros, hasta recaudar los más de 116.000 euros que necesita para luchar contra la enfermedad. Esperemos que esta iniciativa, llamada “Save a Day” tenga resultado y sirva para ayudar a Corinne y no para avivar aun más a esta sociedad Voyeur nutrida de morbosidad, yo de momento hablaré un poco sobre la Corinne fotógrafa.
Corinne es una fotógrafa británica, nacida en 1965, todo lo que sabe lo aprendió por ella misma y aportó una mirada documental a la vieja fotografía tradicional de moda hasta bien entrados en los noventa.
Corinne introdujo en el mundo de la fotografía el término de Heroic Chic, quizá la manera más sencilla de explicar ese término sería viendo sus fotos, por aquello que una imagen vale más que mil palabras, pero haré un esfuerzo, este término viene a hablar más o menos de la caída de los adolescentes en flor que se dejan caer en la perversión y el dramatismo de un túnel sin salida en la que les es imposible contemplar un futuro alejado de excesos y encaminado hacía lo debidamente correcto. En definitiva, en su obra podemos encontrarnos muñecas hinchables, rallas de coca, excesos, muchos excesos y modelos de apretadas e inapreciables cinturas.
Luego, claro está, cuando alcanzo la fama y le llegaron multitud de ofertas de las revistas más importantes del mundo, entre ellas Vogue, se calmo un poquito.







Otra vez la misma sensación de miedo, otra vez la misma sensación de enfrentarme a los reproches de mi alma, otra vez aguantar todos aquellos fantasmas. El camino acaba, otra vez, y está vez no hay más sendas que elegir. Sé que no está todo el pescado vendido, que aun seguiré vinculado a la ciudad que me presentó a la encarnación del amor, la ciudad que me enseño a sentir, la misma que me enseñó a echar de menos a los míos… Como decía, sé que volveré. Irremediablemente algo de Valencia corre por mis venas, y no, no es horchata precisamente. A falta de una semana que acabe todo, o al menos casi todo, veo que el final ha llegado. Valencia para mí, es el proyecto empezado que nunca continué, es mi miedo a cazar luces, mi sentimiento de ser alguien muy, muy pequeño.










En este blog puede colaborar todo el que quiera, como ejemplo el de una buena amiga mía que aun no he tenido el placer de conocer, que me habló de este fotógrafo, muchos considerareis un insulto mi ignorancia, pero rectificar es de sabios, y informarme sobre él y ojear su obra, allá va esta entrada.






Enfrentarse a pecho descubierto a la obra de García – Alix es casi un suicidio, sus fotografías están llenas de emotividad y dotadas de una fuerza lejos de lo que estamos acostumbrados. La sensación de absoluta desolación que nos entra al contemplar su obra se debe a la invitación, ingenuamente aceptada, para ser testigo de su vida, una vida dura y marcada por la perdida de amigos y familiares, aunque bien es cierto, que para él desde el momento que retrata está fotografiando cadáveres.

Nunca en mi vida he visto una ciudad que creciera tan deprisa, Valencia está sobrealimentada, cuando era aun pequeña le dieron demasiado de mamar y ahora pasa lo que pasa. El ruido de una obra me alerta sobre su inmediato futuro, el 

