

Cuando me dijiste que tú querías un hombre como yo, pensé que estabas loca o que me estabas tomando el pelo, al final de las dos opciones resultó ser la primera.
Desde aquello ha llovido ya algún tiempo, mientras tanto seguimos dejando atrás aniversarios y contando de manera enfermizamente pueril los días que faltan para el próximo.
Desde que estás a mi lado, los días ya no pesan, la cálida voz del despertador me agrada, porque anuncia un nuevo día a tu lado, las arrugas ya no hieren como tijeras, el viento en contra no se lleva mi sombra, he comenzado a tachar los días del calendario, desapareció el miedo a envejecer pero apareció el miedo a perderte. Los miedos son necesarios, uno nunca puede estar cien por cien tranquilo. Yo tengo otros miedos, pero tú has sabido ayudarme siempre a superarlos.
Me has enseñado a hacer café, a conocer nuevas gentes, y conocerme a mi mismo, a separar la ropa de color y la blanca, a quererme un poco más, y a darme cuenta que puedo ser querido, y cómo no, a amar. Te lo habré dicho una y mil veces, pero el significado amor antes de que tú pasaras por mi vida, era una utopía, tú, me deletreaste una por una todas las letras, y la introdujiste en mi diccionario.
Contigo cada día es distinto, siempre me sorprendes con una cosa nueva, soy tan libre que a veces temo haberme encontrado conmigo mismo, porque sólo contigo puedo hacer y decir, lo que con otras personas sería una locura. Me comprendes mejor que yo y con una sonrisa tuya, arreglas mi peor día.
Brindemos pues por estrenar nuevos calendarios juntos.





Enfrentarse a pecho descubierto a la obra de García – Alix es casi un suicidio, sus fotografías están llenas de emotividad y dotadas de una fuerza lejos de lo que estamos acostumbrados. La sensación de absoluta desolación que nos entra al contemplar su obra se debe a la invitación, ingenuamente aceptada, para ser testigo de su vida, una vida dura y marcada por la perdida de amigos y familiares, aunque bien es cierto, que para él desde el momento que retrata está fotografiando cadáveres.

Nunca en mi vida he visto una ciudad que creciera tan deprisa, Valencia está sobrealimentada, cuando era aun pequeña le dieron demasiado de mamar y ahora pasa lo que pasa. El ruido de una obra me alerta sobre su inmediato futuro, el 





El dolor que sentía en los ojos, hoy ha desaparecido, los hilos que se entrecruzaban entre mis

El frió le abrasó, el calor le heló hasta la última de sus costillas, la luz de la Luna la obligaba a llevar gafas de sol, y de día no podía salir de casa sin su linterna, el secreto le fue contado todos los días por todas las personas con las que nunca llegó a hablar, a la vez que la voz popular nunca llegó a sus oídos, porque sus oídos jamás llegaron a escuchar. En su casa las puertas eran ventanas, y las ventanas puertas, los cuadros no colgaban de las paredes, sino eran paredes las que colgaban de los cuadros tendidos en el suelo, el cesto de la ropa sucia estaba lleno de ropa limpia, y lo contrario pasaba con su armario. Las chaquetas estaban forradas de agujeros, y los bañadores de lana. No concebía el significado de la palabra tiempo, porque el tiempo era lo que jamás tuvo, ni nunca quiso. De pronto alguien cruzó su ventana sin tocar al timbre, entró en su casa, esquivó los cuadros tendidos en el suelo, no le contó el secreto, que hacía tiempo que había dejado de serlo, tuvo la tentación de contarle la voz popular, pero supo que pronto lo entendería todo, y poco a poco se acercó más a ella, finalmente logró quitarle las gafas de sol, la ceguera desapareció, como todas aquellas sensaciones contradictorias. Pronto pudo ver, que la persona que vino a visitarla era la cordura, que para bien o para mal, le despertó de ese extraño sueño de una noche de verano. 



