Pronto volveré con mis ansiadas pajas mentales y salidas al atardecer con mis queridas cámaras, pero mientras tanto tengo un proyecto que presentar el 31 de Marzo.Hasta entonces... nos vemos muchachada.
Por si alguien no lo sabe todavía, adoro los regalos y las cámaras, y si además se pueden juntar las dos cosas en uno mismo mejor que mejor. Esta preciosidad de Agfa Isolette me la regaló mi paya por navidad y es toda una maravilla (la cámara y ella).
Todos queremos cumplir nuestros sueños, algunos deseamos desafiar al destino y convertirnos en aquello que ansiamos ser, cueste el precio que cueste. El precio de esta naranja fueron tres euros y una cámara de usar y tirar caducada desde el 2006.
Y vaya si las da. Creo que una de las mejores cosas que he hecho ha sido agenciarme un escaner Epson V500 photo. Lo tengo ya desde verano, pero torpe de mi, no sé como no se me había ocurrido utilizarlo para rescatar viejas fotos, lo compré con la intención de escanear los negativos que hago con las nuevas cámaras que tengo, ya sabéis que últimamente he sido abducido por el fenómeno Lomo y no había reparado en sumergirme en viajes al pasado como estos.


Aquí os dejo una historia que apareció en los periódicos estos días, la noticia me parece brutal, resulta que un filipino llamado Reinaldo Dagsa fotografió a su asesino instantes antes de que este le batiera a tiros. Reinaldo, fotógrafo de bodas local, estaba fotografiando a sus familiares durante la celebración del año nuevo.
Esta historia me ha llegado muy adentro, os quiero hablar de una persona llamada Jamie Livigston y cuya obra nos os puede dejar indiferente. Este fotógrafo se dedicó a hacer una foto cada día durante sus últimos 18 años de vida, hasta que murió como consecuencia de un cáncer.

El piano de Dooley Wilson nunca tocó una balada tan triste, todos sabíamos que era la última vez que Sam volvería a escuchar esa celebre frase salir de los labios humeantes de Bogart, pero esta vez sí, Sam la tocó por última vez.
Bueno, 31 de Diciembre, mañana será 2011, otro año más, presiento que este va a ser el mio, sé que siempre digo lo mismo, pero, no vamos a ser tan negativos para pensar en que viene otro año de crisis, guerras, pandemias, terremotos y huracanes ¿no?
Pues no, esto no es cuarto milenio ni yo soy Iker Jimenez, pero bien podría parecer un episodio de "Se ha escrito un crimen" aunque para bien o para mal tampoco soy Angela Lansbury, aunque me guste jugar a los detectives. Al grano, que me enrollo mucho, resulta, que hará cosa de un mes me compré una cámara, concretamente una Haline Paulette EE II de lo más bonica y de la que ya os hablaré en una próxima entrada.
Cuando compras una cámara por Internet nunca sabes lo que te puede llegar, en mi caso me llegó una curiosa sorpresa. Cuando abrí la cámara para comprobar como estaba por dentro vi que había un carrete metido dentro de ella, lo más rápido que pude cerré la cámara para evitar que entrara más luz, aunque me imaginaba que ya sería tarde.
Hoy he recogido el carrete y la verdad que estaba todo velado, pero hay una serie de fotogramas que he podido recuperar (más o menos). Tengo que admitir que esperaba que estuvieran menos velado y que han sido los tres euros peores invertidos desde hace tiempo. No obstante, estas cuatro fotos me da que pensar en mil historias y novelas policíacas que seguramente difieran mucho de la realidad.
De esta historia saco dos conclusiones: